Lo peor que puede decirse en una entrevista: “Me quiero ir”

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Las imprudencias se pagan, cada vez más. El viejo eslogan de la Dirección General de Tráfico española sirve tanto al volante como en la mayor parte de las acciones cotidianas. Y la comunicación no es una excepción.

Twitter está en llamas en Argentina desde la espectacular espantada de su ministro de Economía, Hernán Lorenzino, al ser preguntado por una periodista griega sobre la inflación que actualmente sufre el país. No sólo duda sobre el dato (que ya es bastante grave), sino que se lía en una respuesta absurda y termina dando por acabada la entrevista de forma abrupta.

Al margen de que distintas instituciones internacionales aseguren que las estadísticas oficiales argentina son falsas, el ministro no puede dudar y asegurar que es un tema sobre el que “no se habla”. Teniendo en cuenta que el precio de la bolsa de la compra es un tema recurrente y que Argentina ha sufrido tradicionalmente de hiperinflación, es evidente que se trata de un tema del que, simplemente, el ministro no quiere hablar.

No faltan las palabras: faltan las ideas

Pensar que los problemas desaparecen cerrando los ojos resulta impropio de un hombre adulto que carga con una cartera de Economía o con cualquier otra responsabilidad. Pero no tener una respuesta preparada y bien aprendida para estas situaciones clama al cielo. Antes de cualquier entrevista se ha de tener claro qué preguntas puede lanzar el periodista y tener una respuesta convincente que aportar o asumir las consecuencias (si además es la verdad, ya ganamos todos).

Para terminarlo de arreglar, la intervención de la colaboradora del ministro es, simplemente, demoledora. Además de haber olvidado que la entrevista empieza cuando entra el periodista y no termina hasta que se va (sobre todo si lleva cámaras o grabadora), intentar justificar lo injustificable sólo agrava el problema hasta alcanzar el destarifo. Como decía Woody Allen: “La comedia es igual a tragedia más tiempo”.

Grandes meteduras de pata las hay en Argentina, en España y en cualquier otro lado, pero la magnitud del desastre ha hecho que salte el Atlántico. Recientemente, la directora general de la Agencia Tributaria española, Beatriz Viana, y un asesor también tuvieron un momento antológico ante una decena de micrófonos por el caso Bárcenas.

Cuando los afectados ven el resultado de su desastre seguro que se arrepienten; pero, bueno, peor suele sentar a los ciudadanos este tipo de desaguisados y el trasfondo que muestran. Eso, en política, es lo que les debería preocupar.

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Acerca de AlvaroMohorte

Asesor de Comunicación con amplia experiencia en comunicación corporativa e institucional. Entre sus trabajos destaca la formación de portavoces empresariales, políticos y de entidades financieras relevantes en el ámbito de la Comunitat Valenciana.
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