Carlos Fabra: cuando a un político “se la trae al pairo” The New York Times y muchas cosas más

Carlos Fabra y el The New York Times

Cuando la reputación de un personaje público está mal, es siempre compleja su recuperación. Sin embargo, cuando él mismo se enorgullece de un comportamiento indebido que se le reprocha, el problema no sólo repercute en su contra, sino también en el de la organización de la que forma parte y, en este caso, contra el territorio con el que se le identifica.

Un buen ejemplo de ello es el caso de Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castellón y actual secretario general de la Cámara de Comercio de la provincia. Por encima de las causas por corrupción abiertas contra él (y que es la Justicia quien debe esclarecerlas), fracasos evidentes como la inversión de unos 500 millones de euros en un aeropuerto ahora abandonado no puede despacharse con acusaciones a terceros, zafiedad y un comportamiento altivo.

Estas son las tres características de su última intervención pública, que no habrá sentado nada bien a paisano (aunque no pariente) Carlos Fabra, presidente de la Generalitat y encargado de cubrir los frentes abiertos tras décadas de gestión del veterano político, como el aeropuerto, donde se aprecia una acusación velada al actual responsable autonómico.

imagesPor mucho menos, en España se ha visto a un Rey pedir disculpas con una actitud humilde o a dos presidente del Gobierno lamentar el incumplimiento de sus promesas electorales, como ha sido el caso reciente de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. En unos casos y otros, la intención era recuperar a parte de sus afines, dolidos por el desengaño.

Sin embargo, mantener una actitud beligerante consigue reafirmar a los fieles, del mismo modo que el afectado se refuerza psicológicamente. Por contra, los desengañados pueden distanciarse aún más de él y, de paso, de lo que asocian a su figura: su gestión, su partido y sus correligionarios. La disculpa genera empatía, conmiseración; mientras que la actitud defensiva por medio de palabras gruesas (“sinvergüenza”, “putas”) o actitudes mal educadas que se reciben en frío frente al televisor no suelen llevar a ningún resultados productivo.

Además, el desprecio a referencias institucionales (“a mi me la trae al pairo el New York Times”) atentan contra una de las claves del marco conservador clásico, lo que genera una disonancia que, pese a invocar el antiamericanismo español y a un orgullo de la medianía, reduce la horquilla de los partidarios a los que se dirige el mensaje, perdiendo a los más centrados y con más profundos valores democráticos.

Quizás el problema de estas declaraciones y otras actitudes similares de Carlos Fabra y otros personajes públicos parecidos es la falta de capacidad comunicativa y de análisis crítico. No en vano, ha ejercido el poder sin tener que ser cabeza de cartel electoral y su posicionamiento en las estructuras de poder de su partido se ha basado en otras habilidades que no se basan en la transmisión de claves como la empatía y la proximidad, sino en la maquinación y la creación de redes jerárquicas de dependencia.

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Acerca de AlvaroMohorte

Asesor de Comunicación con amplia experiencia en comunicación corporativa e institucional. Entre sus trabajos destaca la formación de portavoces empresariales, políticos y de entidades financieras relevantes en el ámbito de la Comunitat Valenciana.
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