La ‘sobriedad’ de Miguel Angel Rodriguez conduciendo su propia crisis

Aunque es habitual que llamen más la atención los fallos que los aciertos, la semana ha empezado con un interesante ejemplo de correcta gestión de una crisis. El ejemplo lo ha dado Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno con José María Aznar, y consultor de comunicación vinculado a distintas empresas.

Después de causar un accidente en el madrileño distrito de Retiro y dar positivo en el control de alcoholemia ha evitado a los medios hasta declarar ante el juez (lo primero es salvar el tipo) y, a continuación, ha optado por encarar la situación.

Ante los periodistas concentrados a la puerta de los juzgados, ha confesado su culpa, ha pedido perdón y se ha impuesto una penitencia como es colaborar en la concienciación ciudadana frente a este problema. Esta solución da varias ventajas.

Desde un punto de vista estratégico, al enfrentarlo con humildad recurre a la empatía y debilita su uso como potencial arma en manos de sus enemigos. Desde un punto de vista narrativo, parte del planteamiento de un problema, plantea el nudo del arrepentimiento y ofrece el desenlace de la redención. El resultado no ha sido un liberación total del problema, pero sí la salida al escenario menos malo.

Realmente, es la misma estrategia seguida por la Casa Real tras el incidente de la cacería del Rey y, aunque esto no hace que se diluya los problemas, sí le da una salida que evita que se encasquille. De hecho, los problemas que hoy tiene la Corona son por harina de otro costal.

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Acerca de AlvaroMohorte

Asesor de Comunicación con amplia experiencia en comunicación corporativa e institucional. Entre sus trabajos destaca la formación de portavoces empresariales, políticos y de entidades financieras relevantes en el ámbito de la Comunitat Valenciana.
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2 respuestas a La ‘sobriedad’ de Miguel Angel Rodriguez conduciendo su propia crisis

  1. Antonio Leon dijo:

    Tenía la tarde libre y tuve ocasión de seguir en televisión diferentes programas donde se comentaba estas declaraciones. Aun reconociendo que sus palabras fueron exquisitas y hasta humildes -no estaba en una tertulia, es obvio, sino saliendo de un juzgado- hay dos puntos que no pasaron por alto muchos de los espectadores y en especial los comentaristas de los programas al uso. Lo primero es que recalcó que los daños causados no eran muy altos y que por supuesto se atenderían todos. Con ello se ganó la solidaridad de los espectadores -¿quien no ha tenido alguna vez un golpe con el coche?- y trató de desviar la atención del motivo principal del caso, puesto que la gravedad de la detención no tenía relación directa con esos desperfectos sino con la elevada tasa de alcoholemia detectada por la policía local que intervino aquella noche.

    Y ese aspecto que, en general, no pasó desapercibido, constituye también el segundo punto importante, ya que negó en sus declaraciones que cuadriplicará la tasa de alcohol permitida, que era el asunto grave por el que se encontraba citado por un juez. Por tanto una anécdota compartida tratada con maneras humildes, con la adecuada contrición y propósito de enmienda, que incita al espectador a la comprensión y al perdón social; pero por otro lado un contundente “eso no es así”, cuando un periodista le mencionó la tasa de alcohol, que recordó totalmente el caso Ortega Cano, en el que por cierto, el propio MAR creo que no tuvo inconveniente en su momento en hacer sus particulares comentarios morales.

    Cierto que hizo lo mejor que podía hacer y que la estrategia judicial de cada uno marca que pueda mentirse, inclusa que deba, pero una cosa son las técnicas de abogados y tribunales y otra las declaraciones públicas. Porque si como espectador bien pensante le había dado mi comprensión, mi solidaridad. mi confianza… ¿qué pasa cuando de repente niega la evidencia?

    Saludos,

    • En este caso, hay que tener en cuenta el proceso judicial dentro del cual está inmerso. No sé si habrá recurrido la prueba de alcoholemia o cuál es su estrategia de defensa, pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es desmentir un infundio, sino quitarle hierro (relativizando y reorientando el foco) y recurrir a la comprensión para rescatar su imagen pública.
      Sigo pensando que lo está gestionando bien, porque podía haber sido mucho peor. Por otra parte, ni él ni nadie es un santo como para enfrentarse a su hemeroteca con celo o poderse presentar como una víctima de la sociedad.
      Igualmente, este incidente será un tema recurrente en el futuro, por lo que aún le queda mucha crisis por gestionar.

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